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Mostrando las entradas etiquetadas como Cuentos
  "La crisis del siglo XXI" “El molino de oro” (Cuento) En un pueblo de La Cepeda, a no más de tres o cuatro leguas de Astorga, un   mozo   que había quedado huérfano desde muy niño, rubio de pelo, mejillas rojas, anchas espaldas y pescozudo,   llamado Sancho Sánchez, entró a servir en la casa del molinero y su esposa a quienes Dios no les había dado descendencia, por lo que al mozo   noble, leal y trabajador incansable, le confiaron   la administración del negocio   cuando el molinero cayó en unas fiebres que poco más tarde lo llevaron a la tumba.      Trabajaba el mancebo de sol a sol descargando y cargando sacos de trigo y harina. Además del sueldo, la molinera le pagaba una pequeña comisión   de unos gramos de harina por cada saco molido, con lo que, al cabo del tiempo, tantos sacos había molido que compró el molino por la cantidad de 100 reales cuando proporcionaba unos 20 reales de beneficio cada año. Había hecho un buen negoc...

El tonto del pueblo

Hoy he leído un cuento del tonto del pueblo que elegía un billete  grande de 200 y despreciaba uno pequeño de 400. Pero el cuento desvirtuado responde a una historia verdadera acaecida en mi infancia  y es la siguiente:  Cuando yo era niño había monedas de un real, moneda grande que valía 25 céntimos de peseta, y otra moneda la mitad de tamaño pero del doble de valor, 50 céntimos de peseta, es decir dos reales. En el bar de un pueblo de la montaña  de León se reunían todas las tardes los mozalbetes veraneantes de Madrid a echar la partida de cartas o dominó y aparecía siempre el clásico tonto del pueblo merodeando por las mesas de las partidas y pidiéndoles una moneda. Los mozalbetes se reían de él ofreciéndole que eligiera entre una moneda de real grande y una de dos reales pequeña. Siempre elegía la grande de real con las consiguientes risotadas y burlas de los “listos” madrileños. Al dueño del bar, que observó un día la escena, le dio lástima de su “tonto” ...

Los Reyes Magos

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Don Tiburcio, el jeta, crea dinero de la nada.

Tiburcio, alias “El Jeta” va, y dice: “Yo soy banquero”;  pero no tiene ni un euro. Tiene jeta. Juanito, alias “El Tonto”, le cree y va a pedirle un préstamo para comprar  a Genaro una finca y vacas para ganarse la vida. Genaro es un viejo trabajador que durante toda la vida trabajó  como una hormiga para sustentarse y llegó a tener la finca y vacas con sus muchos sudores, pero ya se siente viejo y cansado y se quiere jubilar, para lo que pone a la venta sus posesiones, que, por fin, le compra Juanito el Tonto con el préstamo que le ha dado Tiburcio el Jeta. La sorpresa de Juanito es que al pedirle los billetes a Tiburcio,  Tiburcio le da una palmada en el hombro diciéndole: “Juanito, Juanito… eso de los billetes era cosa de antes, ahora modernamente se hace de otra manera. Y sigue diciéndole: “te doy un préstamo pero tienes que devolvérmelo en el plazo que fijemos, y también me traes todos los meses los intereses, Sólo te cobro el 10%;  además me lo...

El aborto que nadie discute (Cuento ilustrado)

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Era un niño muy bueno, al que le gustaba dibujar. Tenía siete años. Pasaba horas muertas en su mesa con los lápices  de colores, rotuladores y los “rotrings”. Un día me enseñó su último dibujo: un billete de mil pesetas que me había pedido para dibujarlo. “¡Qué bien! Serás un buen dibujante!” -Le dije. El día siguiente me pidió un billete de dos mil. Y también me sorprendió su destreza. Al cabo de dos semanas, lo había dibujado y pintado por las dos caras: Empecé a preocuparme, y lo dejé... que terminara el trabajo a ver qué hacía. Guardó su billete en la cartera del colegio. Supuse que sería para mostrársela a sus amigos. Y se me olvidó por completo el “affaire” del niño. El curso siguiente, el Banco de España cambió el formato de los billetes y le vi el siguiente dibujo entre sus tesoros infantiles en una carpeta repleta de bocetos. Me explicó cándidamente que ya no tendría que pedirme más dinero, que lo haría él, con un po...